¿identificas este pensamiento?
Es probable que alguna vez se te pasara por la cabeza, es lógico que sea algo que te preocupe, por nada del mundo querrías que en situaciones en las que fuese necesario tu hija no tuviese la capacidad de decir que no.
¿Te animas a probar estas cosas que me ha dado esa persona?, “ya sé que está borracho pero ¿no te vas a subir al coche para que nos lleve a otro sitio y seguir de fiesta? …
El “problema” de esto es que no tenemos un botón que podamos activar en su adolescencia para que digan que NO a todas aquellas cosas que como padres y madres nos parecen peligrosas. Esto es algo que se va gestionando y aprendiendo desde pequeños.

Así que la primera pregunta la tengo fácil, su casa es su banco de pruebas y las personas con las que tienen mayores vínculos son sus sparrings particulares. Tú como madre o padre
¿qué tal llevas que tu hijo o hija te diga que no a algo y se mantenga firme sin hacerlo?
¿Lo percibes cómo una ofensa?, ¿cómo un cuestionamiento de tu autoridad, tal vez?, ¿Cómo algo inadmisible?
Tal vez tengamos que cambiar el prisma desde el que observas esa negativa del menor y entenderla como un entrenamiento de su capacidad de decir que no en un futuro. Pero ojo, esto no quiere decir que no tenga que hacer absolutamente nada de lo que no quiera hacer, sino que en ocasiones puede ser interesante permitirle mantener la negativa, así que aquí abrimos varios puntos muy interesantes.
- ¿Eso a lo que se está negando es imprescindible hacerlo en este momento o puede hacerse por ejemplo más adelante? Si el menor está muy metido en una tarea casi por sistema nos va a decir que no a lo que le propongamos, en ocasiones puede ser más útil esperar a que eso concluya y hacer a continuación la petición.
- ¿Eso que se está negando a hacer es malo o contraproducente para él o para su salud? En estos casos no debería haber concesión, la medicina hay que tomársela y nuestra labor como padres o madres es mantenerlos sanos.
- ¿Eso que se está negando a hacer es algo para nuestro propio interés o bienestar? Tengamos en cuenta que si el menor no ve utilidad o razón de ser a aquello que le pedimos que haga es más probable que se resista, por ejemplo hacer la cama o recoger la habitación si el no lo considera necesario. Aquí puede ser más útil dejar su negativa y hacer que posteriormente se encuentre con las consecuencias naturales de esa inacción. Si no se recoge esa habitación es probable que no encuentre ese juguete que quiere y ahí yo como padre puedo no ayudar en la búsqueda con la intención de que en próximas ocasiones y aprendiendo de esa consecuencia natural tenga su habitación más ordenada.
Lo que me gustaría que obtuvieses como conclusión de estas líneas es que si buscamos tener hijos únicamente obedientes, que se sometan y acaten a la primera lo que le marcan las figuras de autoridad va a ser muy complicado que en el futuro tengan la capacidad de funcionar de modo diferente. Además, ese modo de educar suele tener entre sus consecuencias una baja autoestima en los menores y, ¡Sorpresa! La autoestima sana es uno de los mejores factores de protección a la hora de tener que decir que no a las personas.
¿Sabes cuantos adultos llegan a sesión diciendo “es que mi problema es que no sé poner límites”?
Ya te digo yo que muchos.
Juan Ramos
Psicólogo General Sanitario.