Bienvenid@ a la lectura de este pequeño artículo, es probable que por momentos duela o remueva cosas, que te den ganas de dejar de leerlo (si es así no continues aún no estás en el momento adecuado) o que acabes de leerlo y sigas con tu misma idea y desestimando esto que te voy a contar.

¿De qué va esto?

Todas la madres y padres desde el mismo momento en que nos planteamos que nos gustaría tener hijos ya nos creamos de manera inconsciente una imagen de como será ese hijo o hija porque hasta ya nos imaginamos su sexo a la hora de nacer o, como será esa relación que tendremos, nos vemos haciendo cosas juntos o compartiendo momentos y aficiones.

Esto se acrecenta durante el periodo del embarazo y, generalmente, esta expectativa acaba de formarse aunque, eso sí, después digamos cosas “lo importante es que venga sano”, “yo lo que quiero es que sea feliz” o otras frases similares que no dejan ver aquello que hemos imaginado.

En esta expectativa, permitidme la licencia, puedo llegar a pensar en un hijo abogado como su abuelo, ingeniero somo su padre, futbolista como Messi, directiva de una empresa como su madre o fontanero como su padrino.

Pero esto pronto se nos va torciendo ya que ese niño o niña con su propio carácter y temperamento puede irse saliendo de ese posible camino o irse directamente por otro que no nos habíamos planteado, el problema es cuando a esta crianza le sumamos un trastorno del neurodesarrollo que dificulta el ámbito escolar, el familiar e incluso el social e inconscientemente seguimos manteniendo esa expectativa que teníamos y resulta que ya no es que el cole le cueste tal vez más y eso haga que aparezcan los “cristos” en casa a la hora de trabajar, es que además no le gusta compartir tiempo contigo acudiendo al estadio a ver un partido del Dépor y prefiere quedarse en casa aprendiendo información sobre los Pokemon.

Y es que lo que os quiero contar es que el tener un hijo o hija neurodivergente debería llevar asociado (bajo mi punto de vista) un reajuste de expectativas para la familia, esto no quiere decir que no vaya a poder ser abogada o astronauta ni mucho menos, esto trata de que mamá y papá entiendan que es exactamente lo que le sucede a su hijo o hija, dónde están sus potencialidades pero también sus desafíos, dificultades y particularidades. Creo que esa psicoeducación sobre el trastorno va a ser la que permita reajustar expectativas y por tanto comunicarse de un modo más sano, tener una crianza más amable y criar hijos e hijas potencialmente más felices.

Y tú ¿Ya has reajustado tus expectativas?

Yo siendo sincero contigo he de decirte que aún sigo trabajando en las mías. Mi hija mayor ya no quiere escuchar Led Zeppelin, ACDC, Rosendo, Extremoduro o Los Zigarros, ahora resulta que quiere poner reggaeton en el coche, así que igual esa imagen que me había generado de compartir conciertazos con ella se me va al traste.

Juan Ramos

Psicólogo General Sanitario.