Pongámonos en situación, el TDAH tiene una importante carga genética, se estima que hasta un 80% depende de este componente, con lo cual y como ya te estarás imaginando, es relativamente habitual que mamás y papás que acuden a ANHIDA con su hija o hijo, después de pasar una primera cita de orientación y acudir a un par de sesiones de psicoeducación empiecen a ver que ellos también presentan muchas de las dificultades propias de este trastorno.

Después de estos primeros contactos y a medida que van pasando las semanas, sus cabezas empiezan a plantearse dudas e incluso posibilidades de si también padecerán TDAH. Así que más tarde o más temprano llega el momento de la tan famosa pregunta:

Juan, ¿de qué me sirve diagnosticarme ahora si ya tengo mi vida encauzada?

Vayamos por partes:

 ¿Qué es tener la vida encauzada? ¿Tener hijos y trabajar de lunes a viernes para el sábado ir al supermercado?

Si esto es tener la vida encauzada tienes razón. Pero la pregunta sería otra:

¿crees que hay dificultades derivadas del trastorno que si se pudieran mitigar harían tu vida más fácil y agradable?

Si tu respuesta a esta pregunta es sí, entonces el diagnóstico puede ser la excusa perfecta para empezar a trabajar en terapia aquellas principales dificultades de tu día a día que te repercuten en el ambiente laboral, social o familiar.

En mi caso particular (no tiene por qué ser similar al tuyo) te voy a explicar para qué me sirvió a mí el diagnóstico siendo adulto.

  • Ser plenamente consciente de mis dificultades, es decir, yo más o menos ya me olía que la planificación o la organización no era lo mío, pero tener un papel que haga referencia a dificultades en las funciones ejecutivas hace que ante situaciones complejas a la hora de organizar me tome “más en serio” la planificación y la organización.
  • Entender mejor las relaciones familiares mantenidas hasta ese momento, es decir, basándome en el componente genético del TDAH este diagnóstico me ayuda a entender comportamientos de familiares que me herían y que ahora puedo llegar a entender porque se producen.
  • Tener una voz más compasiva cuando me equivoco o cometo errores y usar ese “no soy yo, es mi TDAH” que tan bien nos viene para mantener una mejor autoestima, aunque sé de buena tinta que a las mamás y a los papás es algo que les da “cosilla” que sus hijos hagan.
  • Ser modelo para muchas y muchos de nuestros usuarios, el tener TDAH y que sepan y vean que entre mi trabajo está hacer formaciones a sus profes (algo que consideran al nivel de un superhéroe) les ayuda a ver que con esfuerzo pueden ser capaces de conseguir muchas cosas.

Juan Ramos

Psicólogo